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La comunicación, factor clave para el logro de los objetivos en la educación

Si quieres contactar a la maestra María de Lourdes López Gutiérrez: mllopezg@up.edu.mx

La educación es un proceso orientado al desarrollo de las potencialidades de un individuo lo cual implica una gran riqueza de interacciones entre las personas, no solamente para transmitir información sino para lograr acuerdos y generar acciones. En este sentido, entendemos como indisoluble el binomio comunicación-educación, pues la acción humana es inconcebible sin el acto comunicativo, que moviliza las competencias  sociales e individuales de todos los actores involucrados en el proceso. En este artículo, me centraré en la importancia que tiene para el docente la reflexión sobre sus propias competencias comunicativas.

En la educación superior, el papel del maestro se ha visto  impactado por múltiples factores: por un lado, el acceso a la información facilitado por el exponencial crecimiento de los recursos en internet desplazó su función de “proveedor” de información, erróneamente concebida como conocimiento,  hacia un papel de mediador y orientador del aprendizaje, lo cual requiere desarrollar en el estudiante la capacidad de búsqueda, discernimiento, análisis, síntesis e interpretación de la información para incorporarla a su propio mapa de experiencias y darle sentido. Esta función demanda competencias docentes  que trascienden el dominio del tema e incluso las cualidades histriónicas del docente pues requiere de nuevas acciones concertadas entre los estudiantes y el profesor.

Otro cambio sensible en la tarea docente es el desarrollo de nuevos estilos de aprendizaje, generados no solo por la tecnología sino por un entorno que prioriza lo inmediato sobre lo profundo,  lo audiovisual sobre lo conceptual,  en un espacio hiper conectado que ha diluido las fronteras entre estudio, diversión y socialización. Paradójicamente,  dar sentido a la educación se ha convertido en una premisa básica de la institución escolar, permeando todos los procesos que de ello devienen.

El docente tiene que echar mano de nuevas herramientas que provienen no solo de la tecnología, sino de la didáctica, la pedagogía y la comunicación. En el terreno comunicativo, la lingüística, la pragmática y la ontología del lenguaje han realizado aportaciones para lograr la comunicación efectiva en el aula y fuera de ella.

Para profundizar en los factores que pueden ser tomados en cuenta en la búsqueda de una mejor práctica docente,  nos centraremos en los postulados de la ontología del lenguaje, que parte de varios supuestos: somos observadores del mundo y desde nuestra perspectiva valoramos y emitimos juicios, así, nuestros actos lingüísticos, lo que decimos, son reflejo de nuestra forma de ver el mundo, dan cuenta del tipo de observador que somos. Humberto Maturana afirma que “lo dicho, es dicho por alguien”, es decir, el discurso no deja de ser ideológico pues proviene de un sujeto que al elaborar  sus comunicaciones refleja sus propias valoraciones del mundo.

Otro postulado inicial de la ontología del lenguaje es que éste no es descriptivo, sino generativo, construye nuevas realidades, el lenguaje es acción pues genera posibilidades de acciones. En esto abundaremos más adelante.

Bajo estos supuestos, el  abordaje del proceso comunicativo distingue las siguientes dimensiones: los actos lingüísticos, es decir, el uso de la palabra; la dimensión emocional que determina nuestros juicios a partir de las emociones y los estados de ánimo; la dimensión corporal, estudiada desde muchas tradiciones teóricas que enfatizan el potencial semántico del lenguaje no verbal; y finalmente la dimensión de la acción, que conjunta la anteriores en nuestro actuar cotidiano. En este trabajo trataremos los actos lingüìsticos.

Identificar la naturaleza de nuestros actos lingüísticos es una tarea necesaria para hacer efectiva la intencionalidad de lo que comunicamos. Si como docentes buscamos el desarrollo del potencial de los estudiantes, tenemos que orientar nuestros esfuerzos comunicativos hacia ese objetivo, logrando el despliegue de las capacidades de la persona no solo en el terreno profesional, sino en el desarrollo humano integral.

En la literatura sobre el tema encontramos diversas clasificaciones de los actos lingüísticos o actos del habla. Utilizaremos aquí las establecidas por Rafael Echeverría en su libro ontología del Lenguaje:

Cuando hablamos, articulamos ideas con gran rapidez  y utilizamos diferentes actos lingüísticos: las afirmaciones, son descripciones de la realidad, se basan en convenciones o parámetros comunes, su característica primordial es que son verificables. Los sistemas de medición, el color de las cosas, el horario, etc. son cuestiones no sujetas a la valoración sino al consenso, no dependen de la interpretación sino de los acuerdos sociales.

Por otro lado, emitimos juicios, que son actos provenientes de nuestras valoraciones y que no describen una realidad sino la califican. Una afirmación puede ser falsa o verdadera, un juicio puede ser válido en tanto se funda con base en la experiencia. Los seres humanos elaboramos juicios todo el tiempo, preceden a nuestra acciones y definen nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

También emitimos declaraciones, que difieren del carácter descriptivo de la afirmación para modificar las cosas, desde las declaraciones de independencia, de amor o de guerra hasta declaraciones trascendentes para la vida como la aceptación de algo, la negación, el perdón o la declaración de ignorancia. Quiero detenerme en este acto lingüístico. En la cotidianeidad  solemos declarar  cuestiones como “somos los mejores”, “no puedo resolver este problema” o “te amo”. En la naturaleza de estas declaraciones hay un juicio y un postulado que determina una nueva realidad. A partir de, por ejemplo, la declaración de amor se supone que la relación entre dos personas cambia, de ahí el poder generativo del lenguaje. En la cotidianidad de la práctica docente abundan las declaraciones. Lo importante es distinguir entre aquello que podemos constatar y aquello que proviene del juicio. En muchas ocasiones la autoridad del profesor le lleva a emitir juicios dándoles el tratamiento de afirmaciones, es decir, la valoración de algún hecho por parte del docente que se toma como verdadera, como afirmación, en el fondo cancela la posibilidad al alumno emitir su propios juicios y fundarlos, además de determinar una única mirada como válida, al confundirla como verdadera.

Los juicios y las declaraciones abren o cierran posibilidades a la acción. Declarar a un estudiante como no apto para cierta tarea es cerrarle un escenario posible; si bien el juicio de donde proviene la declaración puede estar fundado, por ejemplo, en el bajo aprovechamiento del estudiante o su falta de atención hacia ciertos temas, hay declaraciones contundentes que pueden resultar en una baja de la motivación   o en la falsa concepción de que aquello que se está declarando es algo verdadero, contundente, y no un juicio que puede refundarse. Refundar el juicio implica mover la perspectiva desde donde se emite, lo cual supone tomar en cuenta otros factores que de inicio se habían obviado. Un ejemplo muy claro de esto es cuando abrimos el abanico de posibilidades comunicativas con los estudiantes, atendiendo a otros contextos además del escolar lo que permite entender a la persona desde una perspectiva más amplia y elaborar los juicios de distinta manera. Un juicio que cierra las posibilidades a la acción no permite el desarrollo íntegro de la persona.

Utilizando estos tres actos lingüísticos se conforma el siguiente grupo: peticiones, ofertas y promesas, que articulan las acciones de todos los sujetos involucrados en una acción de comunicación.

Las peticiones son actos lingüísticos que incrementan nuestra posibilidad de logro. Pedir algo es aceptar una necesidad; algunas veces sentimos que pedir algo nos hace vulnerables: pedir ayuda, un mejor puesto, un poco más de atención, una nueva forma de relación es hacer visible alguna debilidad y por ello dejamos de hacerlo, o solemos suponer que el otro se ha hecho cargo de nuestra petición aun sin haberla expresado. Muchos problemas de comunicación humana provienen de la falta de claridad en el uso de estos actos lingüísticos.

Las ofertas surgen cuando nos hemos hecho cargo de la necesidad del otro. Ofrecer la realización de una acción implica un compromiso, que involucra al siguiente acto lingüístico, la promesa, que constituye la clave para coordinar acciones con el otro (convenios, citas, acuerdos, pactos). Las promesas son peticiones y ofertas con sus respectivas declaraciones de aceptación y funcionan si cumplen las condiciones no solo de sinceridad, sino de competencia, es decir, la plena capacidad de cumplimiento, así como la confiabilidad en el otro. Si pensamos en la cantidad de acuerdos que realizamos a lo largo del proceso educativo o en nuestra socialización diaria,  que no cumplen cabalmente con las condiciones de estos actos o que no tienen la suficiente claridad al ser expresados nos podemos explicar algunas razones por las que no cumplimos nuestros objetivos.

La conciencia de nuestros actos lingüísticos  y sus implicaciones en el proceso educativo nos llevan de forma irremediable a detenernos a valorar  nuestra capacidad de escucha. Una relación dialógica no puede fructificar como acto comunicativo sin la competencia conversacional. Escuchar no es hacer silencio mientras el otro habla, sino atender al tipo de observador que es, a la comprensión de la perspectiva desde donde valora y emite sus juicios y por tanto, a la intencionalidad de su mensaje. Es paradójico el hecho de que a lo largo de la vida ponemos énfasis en la emisión (hablar, escribir) pero no en la recepción (lectura, escucha) como actividades igualmente dinámicas. En la educación, es necesario superar el esquema vertical en el que la emisión se centra en el docente para lograr espacios en los que sea posible un intercambio de puntos de vista que promueva el despliegue de actos lingüísticos de todos los estudiantes, lo que redundará en acciones exitosas.

Las competencias docentes pueden verse potenciadas con prácticas comunicativas que recuperen la esencia de la comunicación humana, aun cuando se trate de un proceso mediado por la tecnología.

En la modalidad educativa presencial la interacción es cuantiosa y encuentra más espacios para la comunicación efectiva, aunque del otro lado de la moneda puede ser un proceso desgastante. Algunos estudiosos del stress docente indican esta causa como factor de primer orden, entre los que inciden en el burnout del profesor. Sin embargo, no cabe duda que el contacto humano sigue siendo de primordial importancia para la educación.

Las herramientas utilizadas en modalidades semipresenciales o virtuales se orientan cada vez más a procurar los espacios de interacción más allá del intercambio de información estrictamente académica. Si bien de forma más restringida, también la educación a distancia es un acto social y por tanto comunicativo. Las plataformas utilizadas en estas opciones promueven los foros, los chats, las conversaciones en línea y una serie de protocolos de la comunicación escrita que atienden precisamente al cuidado de la intencionalidad de un escrito y a las condiciones que deben prevalecer en la interacción, desde la claridad de las ideas hasta el respeto por el otro.

Comprender la importancia de la comunicación en el aula y fuera de ella, nos permitirá mantener lo más valioso del quehacer educativo: potenciar el desarrollo integral de los seres humanos.

María de Lourdes López Gutiérrez

Licenciada en Comunicación con especialidad en Cine, por la Universidad Iberoamericana. Maestra en Ciencias de la Educación. Profesora de la Escuela de Comunicación en la Universidad Panamericana, campus México.

Fuentes de Consulta

  1. Díaz, A. (1983). Tarea Docente: Una perspectiva grupal y psicosocial. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Nueva Imagen.

  2. Echeverría, R. (1995). Ontología del lenguaje. Buenos Aires, Argentina: Dolmen.

  3. Esteve, J. (1993). La aventura de ser maestro. Cuadernos de Pedagogía, (266), 46-50.

  4. Perrenaud, P. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Buenos Aires, Argentina: Grao.

  5. Searle, J. (1994).  Actos del habla. España: Planeta.

Material Externo

  1. Te invitamos a leer el libro: “La comunicación que necesitamos, el país que queremos”, del XV Encuentro Nacional del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC), del cual la Mtra. María de Lourdes López es coordinadora. https://goo.gl/Efu0l8
  2. En esta era, ¿qué te hace más culto? Conoce lo que la Mtra. María de Lourdes López dice sobre la cultura del entretenimiento (pp. 49-54). https://goo.gl/S1n0HQ