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Experimentos conductuales de teoría de juegos para lograr un mejor aprendizaje en el derecho

El comportamiento humano es fascinante. Este fue mi pensamiento al terminar el ejercicio que relato en esta entrada.

A finales de febrero de cada año antes del primer examen parcial, en la clase de Análisis Económico del Derecho realizamos un ejercicio de teoría de juegos para analizar la cooperación entre los individuos que negocian y celebran acuerdos. El juego aplicado es utilizado en el programa de Negocios de la escuela de  Derecho de la Universidad de Harvard (Fisher, 2016). Para los estudiantes de Derecho de cuarto semestre de nuestra universidad, este ejercicio sirve para reflexionar sobre las condiciones necesarias para lograr un contrato y respetarlo, lo cual es bastante útil para analizar las normas de Derecho Civil.

En general, la ciencia jurídica ha prestado poca atención al comportamiento de las personas sujetas a ciertas restricciones legales (Roemer, 1994); otras ciencias, como la economía y la teoría matemática de juegos (Nicholson, 1997), han desarrollado herramientas útiles para analizar el comportamiento humano y predecirlo, por lo que es útil tomar prestadas estas herramientas para focalizar el análisis en un objeto relevante para el derecho, como lo es un contrato y su cumplimiento.

Durante el primer mes del curso (enero), utilizo el modelo del “Dilema del Prisionero” de teoría de juegos para explicar aquellas situaciones donde puede alcanzarse una mejor situación (Óptimo de Pareto), pero por la desconfianza y el riesgo de no cooperación, los individuos deciden no cooperar (Rumbos, 2010). Este modelo sirve para explicar las razones de la contaminación o sobreexplotación de bienes comunes de acceso libre por sujetos racionales (Hardin, 1968).

En términos generales, las ideas preconcebidas de los alumnos sobre el cumplimiento de las normas es que dependen de la voluntad intrínseca de los individuos que actúan bajo cierto arreglo institucional: los alumnos piensan que si alguien cumple o no con un contrato es únicamente por la bondad o maldad intrínseca de las personas. Además, algunos alumnos consideran que conocen perfectamente a sus compañeros y a ellos mismos para afirmar –previamente al desarrollo del ejercicio – que todos los acuerdos serán cumplidos. El ejercicio aplicado trata de falsear esta afirmación para lograr un aprendizaje nuevo.

El juego consiste en formar equipos A y B de dos jugadores que representan un país diferente para fijar precios a los barriles de petróleo que producen y que pueden vender a un tercer país. Cada equipo A juega con otro equipo B para negociar y fijar el precio por barril en $10, $20 o $30 dólares. Si los equipos son capaces de negociar en cada una de las 8 rondas un precio común de $30 dólares, logran amplios beneficios; sin embargo, si uno de los equipos baja su precio unilateralmente a $20 dólares y el otro fijó su precio en $30 dólares, el equipo que “traicionó” el acuerdo obtiene las mayores ganancias posibles ya que captura casi todos los beneficios del mercado.

El ejercicio está diseñado para analizar los “costos de transacción o negociación” del Teorema de Coase que predice que aquellos equipos que no tengan costos de transacción llegarán al mejor acuerdo posible (1960). En sentido contrario, aquellos equipos en los que haya desconfianza o riesgo de “ser traicionado” (altos costos de transacción) lograrán pocos acuerdos óptimos para las partes. Por lo que en el experimento habrá equipos que cooperen y aquellos que no logren cooperar, lo cual es una conclusión diferente a las ideas preconcebidas de los alumnos y ayuda a su aprendizaje.

En el experimento de este año quiero destacar un suceso particularmente fascinante entre un par de equipos A y B. Antes de cada ronda como profesor preguntaba a los equipos sus estrategias, el capitán del equipo A me comentaba que los integrantes del otro equipo eran particularmente buenas personas y que él pensaba seguir los acuerdos al pie de la letra; incluso, el alumno me mencionó que si le hubiera tocado otro equipo él estaría pensando en cumplir o no el acuerdo pero en la situación actual ni siquiera pensaba en otra estrategia más que cumplir. Por su parte, la charla con el capitán del equipo B era bastante enigmática y él se limitaba a preguntarme únicamente cuestiones adicionales a la teoría de juegos.

Las primeras 6 rondas los equipos A y B de este caso particular cooperaron alcanzando la mayor puntuación posible; pero en la ronda 7, el equipo B “traicionó” el acuerdo con el equipo A ¡El capitán del equipo A no podría creerlo! El grado de su sorpresa le llevó a sonrojarse y a negar con la cabeza lo que estaba pasando: para él no era concebible la falta de cooperación del amigo con quien había compartido la comida ese día. La explicación posterior del capitán del equipo B consistió en que pensaba que, como las ganancias se cuadruplicaban en la ronda 7 y 8 para quien obtuviera mayor utilidad, sus compañeros podrían traicionarlo; por lo anterior, él decidió no cooperar.

La sorpresa no termina aquí. En la última ronda 8, el capitán del equipo B volvió a escribir un precio bajo para el precio del barril (“traicionó” el acuerdo) y el capitán del equipo A volvió a poner el precio máximo. Ahora el capitán del equipo A estaba sonrojado y a viva voz le decía a su compañero de clase, hasta el otro extremo del salón ¡¿Pero qué hiciste?! ¡Ya no estábamos cooperando! Las emociones de asombro que surgieron durante el juego cambiaron la percepción de los alumnos sobre los acuerdos. La cooperación no es intrínseca sino que depende de la estructura del juego: del diseño del derecho de los contratos.

Al final, me reuní con los alumnos del equipo A y B y ambos compartían impresiones sobre lo incómodo de la situación anterior. Les expliqué que el juego está diseñado para evidenciar la cooperación y también para analizar la falta de cooperación más allá de los valores de los individuos. El juego nos ayudó a reflexionar sobre las reglas que llevan a las personas a cumplir los contratos.

Finalmente, considero que las actividades basadas en teoría de juegos generan un ambiente más enriquecedor, que promueve un aprendizaje significativo y duradero, así como una comprensión más profunda del tema, pues se trata de una experiencia vivida que involucra y confronta al alumno en lo cognitivo, emocional y social, más allá de una mera transmisión y asimilación de conocimiento teórico.

Agradecemos al profesor Enrique García Tejeda por compartir con nosotros esta experiencia innovadora. 

Licencia de Creative Commons
Experimentos conductuales de teoría de juegos para lograr un mejor aprendizaje en el derecho by Enrique García Tejeda is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License

Enrique García Tejeda

Profesor de derecho de la Universidad Panamericana.

Fuentes de Consulta

  1. Coase, R. (1960). The problem of social cost. Journal of Law and Economics, 3, 2-144.
  2. Fisher, R. (2016). The oil pricing exercises. Recuperado de https://goo.gl/CPrWnA
  3. Hardin, G. (1968). The tragedy of the commons. Science, 162, 1243-1248.
  4. Nicholson, W. (1997). Teoría microeconómica. México: McGraw Hill.
  5. Roemer, A. (1994). Introducción al análisis económico del derecho. México: Fondo de Cultura Económica.
  6. Rumbos, B. (2010). Pensando antes de actuar fundamentos de elección racional.  México: Miguel Ángel Porrúa.

Material Externo

  • Si quieres saber más sobre la teoría de juegos, no dudes en revisar el siguiente artículo: http://goo.gl/vAqdnE

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