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¿Trident o Snickers?

¿Trident o Snickers?” es un ejercicio crucial para mostrar a un salón lleno de estudiantes de Derecho que la mano invisible del mercado existe al repartir chocolates y chicles en la clase.

En el primer día de inicio de semestre, llevo dos bolsas de chicles (Trident) y chocolates (Snickers) y lanzo una sola pregunta para iniciar el ejercicio ¿Cuál es la mejor regla que podemos adoptar para repartirnos estos dulces?

El impacto de que un profesor (de Derecho) lleve el primer día de clases dulces, abre la oportunidad a la curiosidad y conocimiento, rompe la barrera para aquellos alumnos que creen que la Economía es sólo matemáticas o una materia aburrida y no la ciencia de la decisión que realmente es.

Generalmente los alumnos proponen reglas dictatoriales, que a los hombres les toquen tridents y a las mujeres snickers, (“porque las mujeres aman el chocolate”), que una moneda decida (“porque el azar es justo”), si cae águila se asignaría snicker y si cae sol tocaría trident y finalmente, que el maestro, como el dictador benevolente que es, decida qué asignará a cada alumno.

Se adoptan dos o más reglas de decisión de este tipo que los propios alumnos deciden y a continuación se les pregunta si están contentos con el dulce que les tocó. Se cuenta el número de inconformes y se crea la regla que permite intercambiar mediante trueque el dulce con alguno de sus compañeros.

Se vuelve a preguntar si están satisfechos con el dulce que les tocó… ¡el número de inconformes siempre se reduce! La minisociedad de 30 alumnos con únicamente dos bienes en el mundo está mejor intercambiando que con cualquier otra regla ¿Qué fue lo que pasó? La mano invisible del mercado “colocó los bienes” donde la sociedad más lo valora.

Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones [...] pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios (Smith, 1759, p. 408). 

De esta manera, la belleza del concepto de mano invisible del mercado que ideó Adam Smith es revelada con toda su fuerza en un salón de clases sin despertar la aversión a las matemáticas y a la Economía que tienen la mayoría de los alumnos que estudian Derecho.

Si bien la teoría económica moderna está llena de modelos matemáticos que demuestra la validez de sus axiomas y sus conclusiones, la creación de la Economía surgió de un auténtico interés por responder ciertas preguntas que a cualquier científico social (sea abogado, economista o sociólogo) le parecen interesantes: ¿Cómo se organizan las sociedades? ¿Cuál es la mejor forma de organizarnos para cubrir nuestras necesidades? ¿Qué busca la sociedad?

Los modelos económicos bajo supuestos perfectamente establecidos son una herramienta que arroja luz sobre estas importantes cuestiones y aunque desde el siglo pasado hayan hecho uso intensivo de las matemáticas, la esencia de las ideas de Adam Smith y Jeremy Bentham, o en los últimos tiempos, de Gary Becker y Amartya Sen, siguen siendo accesibles sin recurrir a complicadas ecuaciones y gráficas.

La generalidad o abstracción de los modelos quedaría en una memorización de conocimiento más si no somos capaces de transmitir a los estudiantes que a cada momento, a cada minuto, como sujetos maximizadores de utilidad tomamos decisiones que afectan nuestro bienestar, a veces de manera imperceptible y otras de manera fundamental.

Enseñar el poder de las herramientas de Análisis Económico aplicado a la ciencia jurídica a un grupo de estudiantes es todo un reto debido a la aversión hacia las matemáticas que los estudiantes promedio tienen en una facultad dedicada exclusivamente a la enseñanza del Derecho y a la complejidad técnica que alcanza la materia en sí.

Para el ojo entrenado, este ejercicio en clase puede ser utilizado para desarrollar otros modelos que también incorpora, tales como: Competencia Perfecta, Teorema de Coase e incluso Análisis Económico del Derecho Penal, temas que también se abordan en el semestre.

Con éste y otros casos que como profesor aplico en clase, la Economía no es más una ciencia fría y aburrida donde se escuchan las nuevas cifras del Índice Nacional de Precios al Consumidor o que el Producto Interno Bruto de Malasia sigue cayendo (¡!¿?), estudiar la materia se convierte en la posibilidad de usar modelos nuevos en la toma de decisiones personales y por tanto el conocimiento se internaliza, se aprende para siempre.

Agradecemos la valiosa colaboración del Mtro. Enrique García Tejeda, profesor de la Facultad de Derecho.

Correo: enriquegarciatejeda@gmail.com

Enrique García Tejeda

Profesor de derecho de la Universidad Panamericana.

Fuentes de Consulta

  • Smith, A. (1759). The Theory of Moral Sentiments. Wells y Lilly.